| 8 min | José Carlos Alvárez Jiménez
“El precio de la grandeza es la responsabilidad”, decía Winston Churchill, y arranco con esta cita para poner el foco en algo necesario para muchos empresarios que, día tras día, cargan con la responsabilidad de mantener en pie sus negocios.
¿Quién les dice que se están equivocando? ¿Quién les avisa cuando un cliente no aporta o cuando una línea de negocio es un callejón sin salida? Para mí, la respuesta es clara: el controller de gestión.
En demasiadas ocasiones, el empresario se encuentra rodeado de aduladores, de empleados que no quieren problemas, de asesores que informan cuando toca presentar impuestos, pero no cuando hay que tomar decisiones. Y en ese contexto de soledad es cuando la figura del controller adquiere un gran valor. Porque no está para aplaudir decisiones, sino para cuestionarlas. No está para decir lo que el empresario quiere oír, sino lo que necesita escuchar.
Y, claro, esto a veces implica decir: “Este cliente no aporta”. Porque no todos los clientes son iguales ni todos generan rentabilidad. Algunos consumen más recursos de los que generan, tensionan equipos, exigen descuentos constantes o incumplen pagos. Saber identificarlo a tiempo es fundamental. La contabilidad te lo dirá tarde y el controller debe decírtelo antes de que sea un problema.
Otras veces, toca decir: “Este camino no es el correcto”. Porque, en los negocios, no todo crecimiento es sano, no todo nuevo producto es una buena idea, no toda moda del sector es una oportunidad para tu empresa. El controller tiene que leer los datos, analizar la información y tener el coraje de decir: “No vamos bien”.
Soy controller desde hace 20 años ya, y no soy un contable. No soy un auditor. Tampoco soy un consultor externo que da una charla bonita y se va. Intento formar parte del equipo, trabajar desde dentro e implicarme. Soy esa voz que a veces incomoda, pero con la que intento aportar valor.
Y, sobre todo, desde Addit intentamos ser una figura de confianza. Porque si no hay confianza, no hay control de gestión real. Si el empresario no está dispuesto a escuchar verdades incómodas, entonces no necesita un controller: necesita un halagador con chaqueta y Excel (o Power BI).
La empresa familiar, la pyme agroalimentaria, la industria local… todas ellas necesitan, más que nunca, tomar decisiones basadas en datos (que respalden o tiren por tierra las corazonadas del empresario). Necesitan tener a alguien que les diga lo que no quieren oír, precisamente porque ese alguien quiere que la empresa siga adelante.
No confundas lealtad con silencio. El verdadero compromiso se demuestra diciendo lo que nadie más se atreve, y el controller no está para gustarte: está para ayudarte.