| 8 min | José Carlos Alvárez Jiménez

fInteligencia Artificial

"La inteligencia artificial no nos quita el trabajo. Nos quita las tareas repetitivas para que podamos centrarnos en lo que realmente importa". Esta es una cita de Andrew Ng, profesor asociado en el Departamento de Ciencias de la Computación y del Departamento de Ingeniería Electrónica por cortesía de la Universidad de Stanford. Además, trabaja como director del laboratorio de Inteligencia Artificial en Stanford. Creo que es muy acertada, o al menos encaja con el uso que actualmente, desde Addit, estamos haciendo de la IA.

Estamos abrumados por la cantidad de noticias que nos hablan de cómo la inteligencia artificial ha irrumpido en la gestión empresarial para mejorar la toma de decisiones y cómo impulsa herramientas ya existentes como Power BI, modelos predictivos y sistemas de automatización para analizar datos en tiempo real y detectar patrones que antes pasaban desapercibidos.

Y esto es genial porque, en teoría, debería hacer que los gestores sean más eficientes y reduzcan la incertidumbre en su toma de decisiones. Pero, ojo, ¿realmente es así? ¿Estamos utilizando la IA como una herramienta de apoyo o, sin darnos cuenta, estamos delegando el control de nuestras empresas en un algoritmo?

Confiar en los datos es esencial; es algo que defendemos desde la creación de nuestra empresa, pero confiar ciegamente en ellos puede ser un error. Un modelo es tan bueno como los datos con los que se alimenta y, si estos son erróneos (como sucede en muchas de las empresas que analizamos), las conclusiones también lo son.

Además, si las decisiones empresariales se basan únicamente en lo que la IA dice, ¿qué pasa con la intuición y la experiencia de quienes llevan años en un sector y saben leer el mercado mejor que cualquier modelo matemático?

¿Qué pasa con lo que te transmiten tus tripas de empresario cuando estás ante una decisión? ¿No es importante también?

El control de gestión no puede convertirse en una simple verificación de lo que dice una máquina, sino que debe evolucionar hacia una función más estratégica, donde la IA sea un apoyo y no un sustituto del criterio humano. Debemos formarnos para sacar el máximo partido a la IA, agilizando nuestros procesos para ayudar a interpretar los datos existentes y cruzando estos con la experiencia del empresario. Solo así podremos ayudarle a tomar la mejor decisión.

Si la IA nos ayuda a reducir tareas mecánicas para centrarnos en lo que realmente importa, “abre la muralla”. Pero si dejamos que decida por nosotros, estaremos renunciando a lo que nos hace verdaderamente empresarios: la capacidad de ver más allá de los números, tomar riesgos calculados y adaptarnos a lo que las máquinas aún no pueden prever.