| 7 min | Jose Carlos Álvarez
“La productividad nunca es un accidente. Siempre es el resultado de un compromiso con la excelencia, una planificación inteligente y un esfuerzo enfocado”, decía Paul J. Meyer, experto en desarrollo personal y creador del programa “La dinámica de la gestión del tiempo personal”.
El debate sobre la reducción de la jornada laboral y su impacto en la productividad ha generado posturas diversas (más allá de declaraciones altisonantes de personas que nunca han creado ni gestionado una empresa). A primera vista, reducir la jornada laboral podría parecer una ventaja para los empleados, pero ¿cómo afecta realmente a la productividad y al crecimiento de nuestra empresa?
Uno de los mayores inconvenientes es que limita el tiempo disponible para completar tareas clave, especialmente en sectores donde el tiempo es un recurso crítico. Un estudio de la Universidad de Cambridge refuerza esta conclusión al señalar que, para que la reducción de horas no afecte la productividad, es necesario invertir en herramientas tecnológicas y en la capacitación de los empleados. No obstante, las pequeñas y medianas empresas no suelen tener los recursos para implementar estos cambios, lo que resulta en mayores costes operativos y, finalmente, en la necesidad de contratar más personal.
Según el noveno Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo presentado por FEDEA y BBVA Research, la productividad por hora trabajada en España es un 25,5% inferior a la media de la Unión Europea. Dato que empeoraría si se reduce el tiempo efectivo de trabajo sin mejoras paralelas en la eficiencia. Es decir, si ya estamos abajo, esta medida nos puede hacer caer más todavía.
La productividad empresarial depende de factores como la gestión del talento, la optimización de procesos y la adopción de tecnología. Reducir la jornada laboral porque sí, sin un enfoque estratégico que refuerce estos pilares, nunca va a incrementar la productividad de nuestras empresas. Como empresarios, nuestro objetivo no es solo generar empleo, sino garantizar que ese empleo sea sostenible en el tiempo y para ello, necesitamos herramientas, no legislación.
Entre estas herramientas destaca el control de gestión, que permite a las empresas optimizar sus recursos y tomar decisiones basadas en datos reales. El uso de indicadores clave de rendimiento (KPIs) y análisis financiero nos permite identificar ineficiencias, mejorar procesos y aumentar la rentabilidad. Y si, además, aplicamos herramientas como Business Intelligence, podremos transformar datos en información útil para la toma de decisiones, mejorando así la productividad.
No sabemos qué nueva normativa lanzarán nuestros ilustres gobernantes, lo que sí sabemos es que, hagan lo que hagan, nosotros como empresarios tendremos que solucionar el entuerto. Como es habitual.
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