| 4 min | Jose Carlos Alvárez Jiménez
Castilla y León ha perdido 31.000 autónomos desde 2009. Solo en este primer trimestre de 2024 tenemos 1.700 menos que el año pasado. Somos la comunidad campeona en pérdida de autónomos.
Y es que ser autónomo es muy duro. Lo saben todos aquellos que acaban de realizar el pago del primer trimestre y han visto cómo su cuenta se ha vaciado y su dinero está repartido entre la Agencia Tributaria, la Seguridad Social y probablemente otras dos o tres administraciones públicas.
También lo saben aquellos que están preparando la declaración de la renta y están preocupados por encontrar la forma de llegar a junio y a noviembre (unido al resto de pagos, tributos, tasas, licencias, autorizaciones y permisos que, por supuesto, también salen de sus bolsillos).
«Cuando te das cuenta de que, para producir, necesitas autorización de quien no produce nada, sabes que tu sociedad está condenada» decía Ayn Rand.
A poco que hables con aquellos que se levantan día a día y levantan la persiana, enseguida aparecen dos palabras que emergen como causa raíz de sus problemas: la burocracia y los impuestos.
Si viajamos dos mil años atrás en el tiempo, vemos que el último período del Imperio romano, en el que las necesidades monetarias del Estado crecían sin compensación, se atacó a la economía productiva. Y esto es un patrón en la caída de los imperios. Todo empieza con un gasto gubernamental excesivo que requiere de un incremento de impuestos y cuenta —por supuesto— con la presencia de la corrupción de la burocracia. De esta forma, la sociedad acaba dividida en dos: aquellos que mantienen sus privilegios extrayendo recursos del estado (y aprovechándose de la burocracia) y los que asumen todos los gastos.
Nuestro crecimiento económico actual, no es crecimiento. Por mucho que nuestros ministros (y ministras) nos digan que España crece al 5%. Nuestro PIB no ha llegado al nivel de la prepandemia y, de hecho, usando el deflactor disponible en Eurostat en el último trimestre de 2021, el PIB real estaría en los 1.087.245 millones de euros, a muy poca distancia de los 1.072.079 millones de euros de PIB nominal de 2010.
Los autónomos están pagando la fiesta junto con la clase media que está sufriendo los tipos efectivos más altos de su historia en el IRPF.
¿Quién está exterminando a nuestros autónomos? Aquellos que no quieren que haya personas que dependan de su propio esfuerzo, que asuman sus riesgos y que alcancen sus metas. Aquellos que no entienden que la pasión por el trabajo motiva más que la seguridad de un asiento de por vida. Aquellos que justifican sus argumentos en una norma imposible de cumplir por encima del sentido común más básico.
¿Podemos hacer algo para evitarlo?
Sí. Tenemos la tecnología, tenemos la información, tenemos nuestra capacidad para analizar los datos, adaptar nuestros productos y servicios de una forma más rápida. Podemos cambiar nuestra forma de analizar nuestro negocio, de medir la evolución de nuestros clientes. Podemos adaptarnos y hacer trajes a medida para ellos.